The Natural Fix? The Role of Ecosystems in Climate Mitigation-Spanish

TURBA Los suelos de turba almacenan una gran cantidad de carbono, pero existe el grave riesgo de que gran parte de él se pierda porque estos ecosistemas, en todo el mundo, se están convirtiendo a la agricultura, a las plantaciones y a la bioenergía. La conservación y rehabilitación de las turbas tropicales debe considerarse una prioridad mundial.

Se pierden grandes cantidades de carbono al desecar las turbas y, a menos que se adopten medidas urgentes, esta pérdida aumentará pues las áreas desecadas crecen a un ritmo constante. Al menos la mitad de estas pérdidas están ocurriendo en las turbas tropicales. En estas áreas, concentradas en Malasia e Indonesia, se están desecando grandes extensiones de bosque tropical para la obtención de aceite de palma y madera para pulpa (Verwer et al ., 2008). La desecación de los suelos de turba produce un ambiente aeróbico, en el que los organismos del suelo respiran el carbono presente. La pérdida de carbono se ve agravada por el aumento de la probabilidad de incendios en las turbas desecadas, pues éstas actúan como fuente de combustible para los incendios subterráneos. No se tiene certeza acerca del nivel de pérdidas de carbono en las turbas desecadas (Parish et al ., 2008; Verwer et al ., 2008), pero lo más probable es que ya sean importantes (de 0.5 a 0.8 Gt C al año) y que representen una proporción considerable

de todas las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. A causa de estas pérdidas, los cultivos para biocombustibles en suelos de turba desecados tienen un efecto perjudicial en el balance mundial de carbono. Se calcula, por ejemplo, que la combustión del aceite de palma producido en una turba desecada genera, por unidad de energía producida, de tres a nueve veces la cantidad de CO 2 producido al quemar carbón, lo que equivale a una deuda de carbono para cuyo pago se requieren 420 años de producción de biocombustibles ���������� et al ., 2008). Esta cifra pone de relieve la falsa economía del carbono que representan los cultivos para biocombustibles en turbas desecadas, así como la necesidad de conservarlas intactas y su potencial para reducir emisiones si se les rehumedece. Al rehumedecerla, una turba vuelve a su estado de anegación, lo que restablece las condiciones anaeróbicas en las que se detiene la descomposición de la materia vegetal muerta y, en consecuencia, se reducen mucho las emisiones de CO 2 y el riesgo de incendios.

entornos improductivos, donde la vegetación crece con mucha lentitud. Su capacidad de almacenamiento es enorme; se calcula que hay ~550 Gt de carbono almacenadas en suelos de turba en todo el mundo (Sabine et al ., 2004), con un promedio mundial de 1450 t C por ha (Parish et al ., 2008). Estas áreas están distribuidas por todo el planeta, pero abarcan una proporción diminuta del área de suelo, lo que hace de las turbas uno de las reservas de carbono más efectivas de todos los ecosistemas en lo que a espacio se refiere.

Aunquenose tratadeunverdaderobioma, las turbas representan un caso especial en la gestión del ciclo del carbono en el mundo. Éstas se relacionan con una serie de ambientes anegados donde la descomposición de la materia vegetal muerta y del carbono en el suelo es sumamente lenta, lo que da como resultado la fosilización de hojarasca y un suelo con contenido de carbono orgánico superior a 30 por ciento. Aunque se pueden encontrar algunos suelos de turba en ecosistemas productivos, como pantanos de papiros, juncales y manglares, suelen considerarse

Distribución de turbas en el mundo

Área mundial de turbas por país (en porcentaje)

0 o no hay datos menos de 0.5

0.5 a 2.0 2.0 a 5.0 5.0 a 10.0 más de 10.0

Fuente: Parish et al ., 2008.

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